lunes, 4 de septiembre de 2017

Los astros

Eres como el café amargo por las mañanas, que me sabe dulce aún sin tener azúcar, y para seguir el día me es tan necesario . . . Eres como ese amor de las películas, que se va, pero que siempre vuelve tarde o temprano.
Eres como eso que se queda sin hacer pero sigue en tu mente dando vueltas, como una tarea inacabada, tú eres eso que al final vuelves a recordar, aquello que tenías pendiente pero no olvidado.
Eres como las palomas en el parque, todas juntas y revoloteando, no siempre que llego están ahí, pero cuando llego me alegro de verlas y ellas de verme a mí, como un huracán de plumas, como su vuelo alto. Eres como la mermelada de moras que hago en los Pirineos, fresca y dulce, pero nunca se empudrece, su concentración en sacarosa no permite crecer a los hongos, no hay nada que destruya su impecable sabor, no hay nada que modifique lo dulce de tus labios, de la poesía de tu mirada, ni el tiempo que no te haya probado, ni miles de solitarias mañanas.
Eres como el sol cuando se pone, que deja brillar todo a su esplendor anaranjado. Dejas que ilumine la luna, más blanca, más hermosa, más alta, radiante, para hechizar el mar, ciclar el ritmo de las mareas, y alumbrar con su blanco halo todo de pureza, de alegría inmaculada.
Tú eres ese sol, que esperas a que la luna haga su magia, para volver a aparecer, más tarde, más brillante, más caliente, más fuerte.... Pero nunca a la misma vez. Siempre con biorritmos distintos, nunca coincidiendo en el tiempo, ni el espacio, tú en el día, yo en la noche, si trazáramos una línea bajo la Tierra, las antípodas nos unirían como un lazo, despegados, tan lejos y tan cerca, tan unidos, tan separados, tan deprisa y tan despacio....
Pero hay que recordar que alguna vez esa luna y ese sol se unieron en un eclipse eterno, fogoso, excéntrico, menudo, natural, desorganizado, colosal, incierto pero exacto.

Y volverá a ocurrir, aún no se sabe cuando.

Es la magia, de los astros. . .



No hay comentarios:

Publicar un comentario